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El Jardín de Zul

Resiliencia y esperanza: Un esqueje aparece cuando crees que no habrá más

Resiliencia y esperanza tus manos siembran

A veces creemos que todo está perdido; sin embargo, al darnos la vuelta, nos percatamos de que nos equivocamos. Y esto es algo que me ha enseñado la jardinería.

Me encantan las plantas, cosechar, ver el jardín con flores… En todos estos años he aprendido a cuidar cada planta que tengo; incluso he entendido que, no importa lo que creas, siempre existe la posibilidad de que algo diferente suceda.

Esta planta no debería siquiera existir, porque hace unos meses usé partes de ella para que sirviera de barrera. De esta manera evitaría que los gatos escarbaran en las plantas de ají y pimentón. Funcionó de maravilla, tal como esperaba.

Pero los cactus y suculentas se secaron y solo quedó este pedazo sembrado sin vida aparente, mientras que otro reposaba sobre los tréboles (a los que también les apliqué esta técnica para evitar desastres gatunos). Los di por perdidos porque no sucedía nada. Tampoco tuve tiempo y solo me resigné a perder esta especie.

No me esperaba lo que sucedería. Hace una semana ocurrió un terremoto devastador en mi país, Venezuela; al día siguiente, mientras salía a buscar el bebedero de las tortugas para lavarlo, lo veo: La especie que daba por pérdida estaba volviendo a la vida.

Luego vi el otro pedazo en los tréboles.

Esto me dio esperanzas, porque justo en un momento devastador donde no sabíamos nada de nuestros familiares debido a las fallas ocasionadas por el terremoto, esta planta tan pequeña me demuestra que todo es posible.

la esperanza de un esqueje

Todo en este mundo está conectado y esas conexiones son las que cooperan para que las cosas funcionen


En Venezuela pude ver el poder que tiene la unión de sus ciudadanos y cómo se logró que ante la tragedia se enviara ayuda a los estados afectados por el terremoto. No había nada más, solo el venezolano con el dinero que ha ganado por su esfuerzo, la fuerza de sus manos e incluso las herramientas que usa en su hogar. Todo esto hizo que se pudieran salvar vidas en las primeras horas e incluso en este mismo momento que escribo este artículo.

Luego llegó la ayuda de diversos países; El Salvador, México, Colombia, España, Chile y más estaban junto con los venezolanos luchando para poder ayudar a cada persona de los escombros.

Así como yo vi una pequeña luz de esperanza con esta planta que te enseño hoy, de la misma manera cada uno de ellos lo supo. La unión, la fe y la fuerza han logrado salvar vidas.

Lo que sucedió en mi país ha sido una tragedia desgarradora, algo que duele como si una llama estuviese dentro de ti encendida, quemando. No sé cuándo ese dolor se alivie en el corazón de cada uno, porque la forma en la que cada persona maneja el dolor es diferente.

Pueden pasar incluso años.

un cactus puede volver a salir

Resiliencia, fe y una acción son necesarias

Lo que sí puedo decir es que la resiliencia es lo que de cierta forma nos ayuda a mantener la cabeza sobre los hombros.

En parte, esto me lo enseñaron las santas escrituras y la jardinería en uno de los momentos más duros de mi vida cuando perdí a mi padre. Acto seguido, perdí mi trabajo, no tenía dinero para vivir y aun así debía buscar la forma de hacerlo con todo el dolor que había dentro de mí desgarrándome cada día.

Trabajé de forma independiente, luego encontré un trabajo formal. En el proceso leía la Biblia; también cuidaba de mi pequeño jardín, que no era nada comparado con lo que es ahora.

Estas actividades me enseñaron cosas que no sabía. Hoy ya han pasado 6 años desde ello; no te diré que ese dolor se ha aliviado por completo, pero sí puedo contarte que es más llevadero y duele un poco menos.

  • Leer la Biblia me daba ese cariño, ese abrazo al corazón que tanto necesitaba.
  • La jardinería me ayudó a mantener la mente en las acciones de mis manos.

Cada planta que sembraba, cada versículo que leía, aunque al principio solo sentía ganas de llorar, me daba la fuerza suficiente para seguir.

Tenía la motivación de leer el siguiente versículo o ver una planta florecer. De esta manera poco a poco fui trayendo más plantas, y leyendo un poco más.

Curiosamente, ahora tengo un montón de plantas; ni siquiera las he contado. Ha sido grande el trabajo de mis dedos gruesos y rústicas manos. Tanto que ha podido aliviar poco a poco, como un té que se toma despacio, todo eso que sentía por dentro.

Hoy no hay blog de jardinería, sino de algo más profundo que necesitaba compartir contigo y espero que sea ese consejo que necesitas en este momento.

Con amor, Zul. ❤️

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